16/1/09

LA FOTO QUE CONMOVIÓ AL MUNDO Y PUEDE TRAER LA PAZ ENTRE ISRAEL Y PALESTINA


Desde Israel, Helen Maran nos ofrece esta bella imagen que nos hace concebir la esperanza de que, aún, es posible que los hombres acabemos llegando a un entendimiento. Todos deberíamos ser capaces de superar las diferencias sin necesidad de hacer uso de la violencia. Respetando a los demás, estaremos respetándonos a nosotros mismos. Hagamos que este sueño se haga realidad. Trabajemos porque esta imagen se convierta en norma y no en excepción.


Disfruta esta fotografía tanto como yo.
En los niños está la sabiduría, la razón, la amistad y todos los frutos del amor.En ellos las fronteras no existen, los rencores, los odios no crecen en sus corazones y reconocen las fallas como parte del crecimiento humano.En los niños está lo que necesita el mundo. El futuro, el amor y la esperanza.Que el corazón de nuestro niño interno, renazca en los corazones de todos los adultos que poblamos esta tierra.Y sin rencores ni odios, que llegue la paz definitiva al conflicto palestino-israelí, que por primera vez nos junte la paz y no la guerra.Que este no sea solo un abrazo a la esperanza, sino que sea la esperanza misma, el reencuentro de amor entre dos hermanos.

Si te moviliza y te conmueve el tema y quieres hacer algo por la paz, copia la foto y la nota y divúlgala, gracias , los abraza desde el alma Helen Maran, desde Israel

7/1/09

Cuenta atrás


Una, dos, tres…veinticinco…sesenta y cuatro…cien… Lento goteo inacabable de días marchitos, de vidas agotadas, de la prematura vejez de unos sueños que nunca se podrán alcanzar.
María, Luisa, Patricia, Inés, Lidia, Rosa… Agónica travesía de vidas rotas, muñecas de trapo desmembradas por amor, por desamor, por una crueldad desenfrenada alimentada de frustraciones añejas, mutiladas por la desidia.

Historias de la vida real. Sonidos conocidos que a fuerza de oírlos acaban por pasar desapercibidos ante nosotros y pasamos ante ellos sobornando conciencias, abortando remordimientos que hacen que nos removamos, inquietos, en nuestras acomodadas utopías.
Acallamos sus gritos con mordazas de indiferencia. Bombas de reloj que explotan cada día ante nuestro silencio. Nada puede parar nuestra carrera. Tenemos tanto que hacer, que apenas nos queda tiempo para mirar a nuestro alrededor. Estamos tan llenos de oscuridad que apenas nos vemos la punta de la nariz, por eso hemos de abrir nuestros oídos a los gritos de nuestros semejantes, porque todos somos responsables de que esta dictadura del terror se extienda sigilosa como el miasma de una civilización enferma.

Atrás quedó nuestra infancia en la que los valores que nos inculcaban tenían un halo de dogma intocable. Hoy son otras infancias las que reclaman nuestra atención, un lugar en el complicado entramado de normas cambiantes en el que son las primeras victimas, las otras primeras victimas y enarbolamos la bandera de sus derechos, hecha a medida de las necesidades de una sociedad cómplice.

Ha pasado el tiempo de las palabras; ya no sirve de nada ampararse en campañas que han resultado ineficaces ante la obstinada realidad de los hechos. Estamos ante algo más que datos; algo más que unas cifras estadísticas.
Todo se cuenta y se mide por el grado de rentabilidad que nos ofrece. Pero hay factores que no pueden medirse por ese criterio. No hablamos de números tan sólo; hablamos de vidas, de miedos, de dolor y angustia; de vacío y soledad; de frustración y desesperanza y no podemos permanecer atrapados por la inercia de nuestra indiferencia. No podemos conformarnos. No debemos conformarnos. Si hemos de pasar a la acción éste es el momento. Las palabras cuentan, pero no es suficiente con intercalar una @ en nuestros textos para mostrar a los demás que luchamos por la igualdad de todos los seres humanos.

Dejemos a un lado el individualismo, la codicia y los prejuicios y pasemos a la acción. Algo se puede hacer. Algo debemos hacer porque a todos nos afecta, porque todos somos responsables de esa lluvia incesante de vidas, que se deslizan por los desagües de una sociedad indolente que intenta ocultar sus miserias con perfume barato.

Jacinta, Esther, Andrea, Jessica, Fátima, Ylenia… cien…sesenta y cuatro…veinticinco…tres, dos, una. ¡Que acabe ya!


© I.R.P.

Renacer de esperanza


Quise vestir mis días de esperanza

desterré la noche, las brumas densas

y mis ojos se abrieron a una nueva luz,

a un nuevo mundo,

a un amanecer lavado en lágrimas

y el arco iris inundó el espacio ante mí,

fluyó la sangre con nueva fuerza

y grité a los vientos que estaba viva,

que todo empezaba en ese día, en cada día,

y alcancé la paz que antes no hallara

y en la paz respiro mi nueva esperanza.


© I.R.P.

28/12/08

Me marcharé


"Están mis sueños desnudos de ilusión
y en el silencio nocturno
buscan el calor de tu recuerdo".




Me marcharé despacio
cualquier día,
me marcharé en silencio,
desnuda de pesares y de cargas,
vestida tan sólo de recuerdos.

Me marcharé...¿quién sabe?
cualquier día,
a encontrar el lugar con el que sueño,
a escuchar melodías olvidadas,
a encontrar los susurros del misterio.


©I.R.P.

La rosa de los recuerdos


Se escapó la emoción
en un momento de muerte;
se perdió en la noche eterna
del suspiro sin respuesta,
del abrazo frío,
que atraviesa el dolor ingrato
de la espina que guarda
la rosa de los recuerdos.
©I.R.P.

6/12/08

Sueños rotos




No se pueden restaurar los sueños rotos,
como no se recoge una lágrima derramada,
ni una ofensa hecha en un segundo,
ni se desandan los pasos caminados.

No se recupera un alba mientras duermes,
ni se atrapa al agua entre las manos,
ni puedes guardar el aroma del campo en tu diario,
ni conservar el sabor de un beso del pasado.

No se construyen futuros sin cimientos,
ni avanzamos si dejamos pasar el tiempo
en que el próximo tren haga parada,
y el reloj de la vida siga latiendo.

Hay que gozar con sueños nuevos,
dejar atrás sueños añejos,
con sabores rancios y lágrimas secas,
que marcaron la senda de amores muertos.

©I.R.P.

5/12/08

AMNESIA





Existe un lugar en Haina llamado el Paraíso de Dios. Una docena de fábricas, una refinería de petróleo y una planta de reciclado de baterías, lo convirtieron en el principal núcleo industrial de la República Dominicana. Hasta allí llegaron muchas familias huyendo del duro trabajo de los campos de caña de azúcar, café o tabaco.
Existe una escuela en este paraíso, pero los niños que van a ella están enfermos. Algunos tienen malformaciones congénitas; otros sufren dolores de cabeza, vómitos, retraso en el crecimiento y trastornos del aprendizaje... otros no tienen memoria. Los residuos de plomo de la planta de reciclado contaminaron la tierra y el agua. Años después la planta fue clausurada, a pesar de que era parte del progreso que los gobernantes les habían prometido. Pero los pequeños habitantes del Paraíso de Dios continúan con la lenta agonía que les llevará a una muerte segura, porque sus gobernantes no han retirado la tierra envenenada, ni han evacuado la zona. Les han olvidado, como olvidaron decirles que el progreso tenía un precio que habrían de pagar los más débiles, los más desfavorecidos. Hoy Haina es el lugar más contaminado del planeta y es conocida como "la ciudad de los niños sin memoria".
Al conocer esta triste historia comparé ese lugar con mi pueblo y recordé sus plantas de residuos sanitarios, de reciclado de basuras; visualicé la cercana factoría de Repsol Butano, las contaminantes chimeneas de las industrias que lanzan humo noche y día, percibí el nauseabundo olor que enrarece el aire de nuestra localidad ...
Hoy sentí tristeza por los habitantes del Paraíso de Dios, por sus niños sin memoria y maldije la amnesia de su gobierno. Hoy comencé a recelar de nuestros gobernantes y de su empeño por traernos más progreso y me he preguntado si acabaremos siendo un pueblo sin memoria. Si acaso ya lo somos.


© I.R.P.